Noroeste
Fecha de Publicación:
13/09/2007
En el marco de una
ola de violencia irrefrenable, que del 1 de enero hasta hoy ha cobrado
489 víctimas, y de los recientes asesinatos de Óscar Rivera,
vocero del Gobierno del Estado en materia de seguridad; del luchador social
Ricardo Murillo Monge; de una familia en el poblado de El Habal y de amenaza
de muerte por parte del narcotráfico al General Rolando Hidalgo,
Comandante de la Novena Zona Militar, el Senado de la República
aprobó un punto de acuerdo en el que exhorta a los gobiernos federal
y estatal a garantizar el orden y la seguridad en Sinaloa.
La Senadora sinaloense María Serrano, del PAN, quien presentó
el punto de acuerdo, dijo que las medidas que se han emprendido en Sinaloa
para combatir la inseguridad pública no han sido eficaces, lo que
implica que debe formularse una nueva estrategia.
"Sinaloa reclama", dijo, "acciones del Gobierno federal
y del Gobierno del Estado que signifiquen condiciones de paz adecuadas
para los diferentes sectores de la población".
Mario López Valdez, Senador sinaloense del PRI, subió a
la tribuna de la Cámara alta y dijo que es necesario revisar si
los programas contra la delincuencia organizada están funcionando.
Llamados como los del Senado por lo general tienen respuestas verbales,
pero no reales, es decir, no van acompañadas de acciones efectivas
contra la violencia.
El 27 de agosto, un día después de que fuera asesinado José
Alcántar Pérez, trabajador de Noroeste, el Gobernador Jesús
Aguilar Padilla, en respuesta al aumento del número de delitos,
anunció que en menos de 14 días habría una reestructuración
del sistema de seguridad pública.
"Una reestructura en la Estatal Preventiva, en la Ministerial, en
la capacitación, en la coordinación, en la presencia, revisión
a los mandos, evaluación, que ya estamos haciendo, integral",
prometió el Gobernador.
Han pasado más de 14 días y no se sabe que se haya elaborado
el prometido plan para reorganizar el sistema de seguridad pública.
Garantizar el orden y la seguridad en Sinaloa es una obligación
del Gobierno en todos sus niveles, obligación que incumple desde
hace decenios. Lo que falta quizá es una mayor participación
de la sociedad en la batalla por un Sinaloa seguro. Mayor participación
para presionar al Gobierno y obligarlo a que cumpla con su obligación
primordial: garantizar la propiedad y la integridad física de los
sinaloenses.
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